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Esperan en cartones, bajo sol y lluvia - LP 27 de septiembre del 2011

Esperan en cartones, bajo sol y lluvia

 

  • En La Mascota los parientes cuidan a sus enfermos desde las bancas o en las aceras

 

 

 

 El dolor de los familiares supera las condiciones de espera. El albergue de La Mascota no es suficiente. LA PRENSA/ A. ZÚNIGA.

 

Por Wilder Pérez R.

 

 

Tener un niño enfermo es desgarrador, pero este es solo uno de los golpes que deben soportar los padres cuando acuden a un hospital, buscando salvar la vida de sus hijos.

 

La acera junto a la capilla del Hospital del Niño La Mascota da fe de esto. Ahí sobran los pedazos de cartón, tucos de plástico negro, bultos y gente con sueño.

 

Pablo Rodríguez comparte la acera de medio metro de ancho con su hijo y cinco personas más. Cuando cae la noche, duermen sobre el cartón. Si llueve, se cubren con el plástico negro, bien envueltos, porque el agua cae del cielo, del techo de la capilla y además rebota con lodo desde la tierra.

 

Pero no todos tienen suerte. Saudiel Palma asegura que cuando se pone lleno y cae la lluvia, algunos visitantes se pegan contra la pared para mojarse poco, pero no pueden dormir.

  • Todo tipo de experiencias

Se endeudan, sufren estafas, robos, y comen solo tortillas con cuajada o pasan hambre.

Juan Pablo Rodríguez gastó mucho dinero para trasladar con su padre e hijo enfermo de Muelle de los Bueyes a Juigalpa y a Boaco, antes de llegar a Managua.
Michael Aburto y Meyling Zeledón son de Managua y no gastan en comida, pero sí en pasajes y cuido.

Saudiel Palma, de una comunidad rural de Rivas, se endeudó para viajar a Managua por su hija.

Hay gente que, para robar, se hace pasar por médicos o enfermos, u ofrecen ayuda fuera del hospital.

 

Pero mojarse es lo de menos cuando un bebé está en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

 

Aibi López llegó de Bilwi hace un par de semanas. Tuvo la suerte de que el hospital le ofreció un lugar en su albergue, un sitio al que es difícil acceder debido a que se mantiene lleno. Pero se negó.

 

Su instinto de madre la obliga a estar cerca de la UCI. “Es que a veces sale gente (doctores o empleados del hospital) que no saben dar buen trato, estuve dos días con mi hija de 14 años y 171 libras en el pasillo, que no podía caminar, y usando pamper, solo me decían que esperara, después me trataron bien, pero prefiero estar aquí”, dijo López.

 

Una parte de los llamados “padres acompañantes” son de Managua, pero sufren lo mismo, porque no pueden “despegarse” de sus hijos, aún cuando solo pueden verlos dos veces por día.

 

Todos están pendientes del menor movimiento de los médicos, especialmente durante las horas de visitas, a las 2:00 p.m. y 9:00 p.m.

 

No dejan de preguntar con temor. Ese miedo de que les digan que sus hijos no sobrevivirán y que el esfuerzo y desgaste queden en el saco roto de los esfuerzos en vano.

 

 

LP 27 de septiembre de 2011

 

http://www.laprensa.com.ni/2011/09/27/ambito/74874

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Comentario

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Comentario de enriqueta jimenez cuadra el septiembre 27, 2011 a las 12:18pm
Es indignate que ocurra todavia, lo que se cuenta en este articulo.Va totalmente contra le ética medica- Dra Jimenez

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