Foro Medico Nicaraguense

Por la Instalación del Colegio de Médicos y Cirujanos de Nicaragua

IC y comorbilidades:
importancia de la HTA y la FA
Dr. Vicente Bertomeu Martínez
presidente de la sociedad española de cardiología(sec)
jefe del servicio de cardiología
hospital universitario de san juan. alicante

La insuficiencia cardiaca representa, en el momento actual, un problema sanitario y social de primer orden, no solo por la elevada mortalidad sino por sus costes sociales y económicos. La gestión
de los procesos crónicos es un auténtico reto de la medicina actual y la insuficiencia cardiaca es un
buen ejemplo de ello. La constante mejoría en el tratamiento de los procesos agudos, hacia los cuales se ha organizado el sistema sanitario actual, ha supuesto una mejoría de la mortalidad de los mismos. Al sobrevivir los pacientes al proceso agudo se cronifican y progresan hacia formas más evolucionadas de la enfermedad. En el contexto de la cardiopatía isquémica este hecho se encuentra en relación con la aparición de fármacos nuevos y más eficaces, al desarrollo del intervencionismo percutáneo, a la mejoría de los procedimientos quirúrgicos y a la evolución en el tratamiento de las arritmias, bien sea a su vez con fármacos o mediante técnicas de ablación y/o implantes de desfibriladores. Todo ello ha mejorado significativamente el pronóstico de estos pacientes, pero a costa de un gran coste sanitario.
Por otra parte, es bien conocido que la prevalencia de la hipertensión arterial (HTA) es del 30% en la población general y llega a valores superiores al 50% en la población mayor de 65 años, su control es muy deficiente, pues únicamente entre el 40 y 50% está bien controlada, dependiendo del tipo de población estudiada, pero en cualquier caso no supera el 50%. La HTA está implicada en los mecanismos etiopatogénicos de la cardiopatía hipertensiva y en la aparición de insuficiencia cardiaca especialmente con función sistólica preservada.
Además la HTA está estrechamente relacionada con la aparición de fibrilación auricular (FA), la cual es una de las principales causas de descompensaciones de los pacientes con disfunción ventricular, sistólica o diastólica. Buena prueba de ello son los datos del estudio Cardiotens 2009, en el que el 87% de los pacientes que presentaban fibrilación auricular eran hipertensos. Se puede prevenir el desarrollo de IC
o, al menos, disminuir su incidencia en pacientes hipertensos mediante el adecuado tratamiento y control
de la hipertensión. Dos metaanálisis, han encontrado una reducción del 50% en el riesgo de desarrollar
IC en los pacientes tratados con antihipertensivos en comparación con los de los grupos de control.
Asimismo, el control adecuado de la presión arterial se asocia con una mejoría de la función ventricular izquierda, que casi se normaliza en las dos terceras partes de los pacientes.
Asimismo en el registro europeo de fibrilación auricular de la Sociedad Europea de Cardiología, la HTA es el factor etiológico más importante tanto para la FA paroxística como para la persistente y permanente.
Por todo ello, el paciente con insuficiencia cardiaca secundaria a una fibrilación auricular con respuesta ventricular rápida en el contexto de una cardiopatía hipertensiva constituye una de las primeras causas de atención en los servicios de urgencias y de ingresos hospitalarios.
Además, estos pacientes precisan ser anticoagulados por el riesgo de embolismo sistémico. Aunque las guías de práctica clínica son claras en la forma de proceder, los resultados no siempre son satisfactorios y los pacientes precisan ser ingresados. A pesar de que existen antihipertensivos bien tolerados con combinaciones fijas eficaces, y que facilitan el cumplimiento terapéutico, a pesar de que ha aumentado el número de pacientes anticoagulados bien sea con dicumarínicos o con los nuevos anticoagulantes orales, a pesar de la mejoría en el tratamiento de la FA mediante fármacos o por procedimientos de ablación, aún queda un largo camino por recorrer para mejorar el control de la HTA y la prevención de la FA especialmente en su forma paroxística. El gran reto de los próximos 3 años va a ser la ordenación racional de la
anticoagulación oral, independientemente de que esta se realice con dicumarínicos o con los nuevos anticoagulantes orales y la adecuada utilización de los anticoagulantes preservando el mayor beneficio clínico del paciente dentro del uso responsable de los recursos sanitarios.


I
ReferenciaActualidad en IC

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